Una vida, dos Alemanias: reseña de Libertad, las memorias de Angela Merkel

El 9 de noviembre de 1989, cuando cayó el Muro de Berlín, Angela Merkel cruzó a Berlín Occidental, tomó una cerveza con unos desconocidos y, hacia las once de la noche, regresó a casa para dormir. Al día siguiente debía terminar una conferencia científica que presentaría en Polonia. Era investigadora en el Instituto Central de Química Física de la Academia de Ciencias de la RDA, y ese trabajo no podía esperar, ni siquiera aquella noche. Con este episodio abre Libertad, las memorias que la ex canciller alemana publicó en noviembre de 2024. La escena funciona como una declaración de intenciones: este libro es el relato de una vida improbable, contada por alguien que todavía parece sorprendida de haberla vivido. En el prólogo, Merkel recuerda que un desconocido le dijo que, si hubiera presentado su historia como una novela de ficción, ninguna editorial la habría publicado. Tenía razón.

Angela Merkel nació en Hamburgo en 1954 y tenía apenas seis semanas cuando su familia cruzó la frontera en dirección contraria a la mayoría de los alemanes: de la Alemania Occidental a la Oriental. Su padre, Horst Kasner, era pastor protestante y creía que la zona soviética necesitaba personas con vocación de servicio. Su madre lo siguió por amor, aunque en la RDA, como esposa de un pastor, no podía ejercer como maestra en escuelas públicas. El régimen consideraba que la Iglesia no debía influir en la educación, por lo que una mujer formada y brillante quedó relegada a colaborar con su esposo en las tareas administrativas del colegio pastoral que dirigía.

La familia se instaló en Templin, una pequeña ciudad al norte de Berlín. Merkel era hija de un pastor en un Estado oficialmente ateo. Esto no era un detalle menor. En la RDA, los hijos de religiosos no accedían a las mismas oportunidades que los demás, y la autora lo reconoce con claridad. No fue una disidente, pero tampoco una ciudadana cómoda dentro del régimen. Aprendió a mantenerse al margen de un sistema al que no podía enfrentarse abiertamente y a actuar cuando las circunstancias lo permitían, una actitud que marcaría toda su trayectoria posterior.

Merkel cuenta que eligió estudiar física porque era una de las pocas áreas donde el Estado no podía intervenir demasiado. Estudió en la Universidad de Leipzig, obtuvo un doctorado en química cuántica en 1986 y trabajó durante doce años como investigadora en la Academia de Ciencias de Berlín Oriental. No pensaba dedicarse a la política. Aunque sentía interés por la vida cívica y participó en las Juventudes Libres Alemanas, aclara que nunca fue una militante activa. Era suficiente para no quedar excluida de ciertos espacios. Se trataba del cálculo de alguien que entendía perfectamente el sistema en el que vivía.

La noche del 9 de noviembre de 1989 cambió todo. Merkel tenía treinta y cinco años. En la pregunta que se hace a sí misma en el libro , “¿Solo treinta y cinco años? ¿O ya treinta y cinco años?”, se concentra el peso de ese momento para alguien que había pasado toda su vida adulta bajo una dictadura. De un día para otro, el país que conocía dejó de existir.

Poco después se unió al movimiento cívico Despertar Democrático, uno de los grupos surgidos de la revolución pacífica de 1989. En cuestión de meses ya era portavoz adjunta del primer gobierno elegido democráticamente en la RDA. Tras la reunificación alemana, el movimiento fue absorbido por la Unión Democrática Cristiana (CDU), liderada por Helmut Kohl. Merkel ingresó al partido y fue nombrada ministra de Mujer y Juventud, además de desempeñarse posteriormente como ministra de Medio Ambiente.

Su ascenso continuó. En el año 2000, tras un escándalo de financiación ilegal que golpeó a la CDU, Merkel asumió la presidencia del partido cuando pocos estaban dispuestos a hacerlo. Cinco años después fue elegida canciller, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar el cargo y la primera persona procedente de la antigua Alemania Oriental. Ella misma resumió esa trayectoria durante una campaña electoral: “Por una Alemania en la que cualquiera pueda convertirse en lo que sea, incluso una pequeña niña que nació en Hamburgo y creció en el Este”.

A partir de ese momento, Libertad se convierte en un libro de política exterior, y es ahí donde adquiere un valor especial para quienes estudian relaciones internacionales. Merkel gobernó Alemania durante dieciséis años. Trabajó con cuatro presidentes estadounidenses, cuatro presidentes franceses y cinco primeros ministros británicos. Vivió desde dentro la crisis financiera de 2008, el rescate de Grecia, la crisis de refugiados

sirios, el conflicto en Ucrania y la pandemia de COVID-19. Lo más interesante del libro no es únicamente la descripción de estos acontecimientos, sino la explicación de cómo razonó cada decisión.

Uno de los capítulos más relevantes es el dedicado a Rusia. Merkel describe a Vladimir Putin como una persona permanentemente alerta, temerosa de ser menospreciada y dispuesta a responder con dureza. Relata incluso cómo llevó a su perro a una reunión bilateral sabiendo que ella les tenía miedo. Era un juego de poder y ambos lo sabían. A pesar de ello, mantuvo abiertos los canales de diálogo porque consideraba que Rusia, como potencia nuclear, no podía ser ignorada. Desde esa lógica también defiende su oposición en 2008 al ingreso inmediato de Ucrania y Georgia en la OTAN. Sostiene que el proceso habría sido largo y que esos países habían quedado expuestos durante años sin garantías reales de protección.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra es que Merkel explica lo que pensaba en cada momento sin intentar reescribir la historia para adaptarla a las opiniones actuales. Con Donald Trump, por ejemplo, describe reuniones en las que ella intentaba razonar mediante datos y argumentos, mientras él respondía transformando cada discusión en una demostración de fuerza. “Resolver problemas no parecía ser su objetivo”, escribe. La diferencia entre ambos enfoques resulta evidente: para Merkel, la política consistía en gestionar problemas; para Trump, en imponer autoridad.

La crisis de refugiados de 2015 ocupa también un lugar central en el libro y fue una de las razones que la impulsaron a escribir estas memorias. Durante la noche del 4 al 5 de septiembre decidió no cerrar la frontera alemana a los refugiados que llegaban desde Hungría. Fue una decisión profundamente vinculada a sus convicciones. De ese contexto surgió su célebre frase “lo lograremos”. Merkel reconoce las consecuencias de aquella medida, entre ellas el crecimiento de la extrema derecha en Alemania, las tensiones dentro de la Unión Europea y la necesidad de alcanzar acuerdos con Turquía. Sin embargo, no se arrepiente y expone con claridad las razones que la llevaron a actuar de esa manera.

Libertad es, en última instancia, una defensa del multilateralismo en un momento en que este atraviesa importantes desafíos. Merkel sostiene que los problemas colectivos requieren soluciones colectivas y que la democracia debe defenderse no solo mediante discursos, sino también a través de decisiones concretas. El libro permite observar una visión coherente del poder, construida a lo largo de toda una vida, sobre cuándo vale la pena ceder, cuándo es necesario resistir y por qué la libertad no es una condición permanente, sino algo que debe protegerse cada día.

Referencias Bibliográficas:

Merkel, A., & Baumann, B. (2024). Freiheit: Erinnerungen 1954–2021. Kiepenheuer & Witsch. https://www.kiwi-verlag.de/buch/angela-merkel-beate-baumann-freiheit-9783462005134

Merkel, A., & Baumann, B. (2024). Freedom: Memoirs 1954–2021. St. Martin’s Press. https://us.macmillan.com/books/9781250319906/freedom

North Atlantic Treaty Organization. (2008). Bucharest Summit Declaration. NATO. https://www.nato.int/cps/en/natolive/official_texts_8443.htm

United Nations High Commissioner for Refugees. (2022). Nansen Refugee Award Ceremony – Angela Merkel speech. UNHCR. https://www.unhcr.org/nansen-refugee-award